6.25.2006

Sueño

Llegó sin anunciar su visita,
colándose por oscuros rincones
y pequeñas grietas de la pared.
Con calma y sin ninguna prisa
ocupó cada parte de su ser
y se dispuso a conquistarlo.

Los ojos fueron los primeros,
ellos sabían que ya estaba allí;
la boca lo confirmó sin querer
y el resto no pudo negarse.
Sólo la mente seguía en guardia,
resistiéndose a su influjo,
tratando de aguantar un poco más,
pero ella tampoco pudo.
Y, soltando un grito de victoria,
consiguió que se doblegase.

Los hizo suyos a su manera
y los llevó más allá de la razón,
de los sentidos y la brisa:
donde sólo él puede ir acompañado.
A un mundo de imágenes nuevas
donde descansar para siempre.

5.12.2006

1

La virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa.

1.21.2006

Los Ofion

El viaje de Aeter se prolongaría en el tiempo por una eternidad. Finalmente, debido a las mágicas propiedades del árbol, poco a poco cada una de sus regiones fue llenándose de vida. En la copa de Aeter vivían los Ofion. Se trataba de unas criaturas ligeras, con forma humana, pero cubiertas totalmente por un corto pelaje castaño. Tan sólo sus ojos, cuyos iris eran realmente grandes, quedaban fuera de su densa pelambrera. Pero la característica más sorprendente de los Ofion eran sus alas, que llevaban recogidas en sus espaldas cuando se encontraban en tierra.

Uno puede fácilmente imaginar las ventajas que un par de alas les otorgaban: eran capaces de construir sus viviendas con gran velocidad y precisión, o acceder a lugares que a nosotros nos hubieran parecido realmente imposibles de alcanzar, sin olvidar el goce que obtenían de abanicarse con ellas durante el caluroso verano. Pero lo que más les gustaba a los Ofion era lanzarse en picado de una rama a otra y disfrutar del aire fresco golpeándoles en los rostros mientras caían vertiginosamente hacia su destino. Y a decir verdad, esta era la razón por la que Aeter les había otorgado alas. Sin ellas les hubiera sido imposible habitar la cima del mundo-árbol, cuya copa era un continente de bosques.

Los Ofion, que se desplazaban sin problemas por las alturas, conocían perfectamente su gran ventaja, pues lo que para ellos era algo habitual se trataba de una tarea realmente inalcanzable para el resto de los habitantes de Aeter.

El mundo-árbol

Aeter era un mundo-árbol. Mucho tiempo atrás, los gigantes poblaban el Universo por millones, encontrándose en su apogeo. Pero son una raza que goza en exceso con las riñas y peleas, así que tal prosperidad no duró demasiado. Al cabo de cierto tiempo, de los mundos de los gigantes nació la guerra más terrible que se pueda imaginar. Los clanes lucharon entre sí por la supremacía, dando lugar a la destrucción de decenas de mundos.

Ceres, un mundo gigante, estaba cubierto por enormes bosques. Sus campos daban cobijo a descomunales vacas y ovejas que devoraban constantemente los tiernos prados. Entre las montañas se abrían paso ríos que desembocaban en el único mar de Ceres, que era tan profundo que hubieran hecho falta varios cientos de gigantes colocados unos sobre otros para tocar fondo desde la superficie. Los árboles eran cuidados con anhelo, pues de ellos provenía el principal alimento de los gigantes de Ceres, que eran los más sabios de toda su raza, y gozaban de un extenso conocimiento de todo tipo de magia. En la Gran Guerra fue el único mundo que decidió mantenerse al márgen.

Pero de nada sirvió, pues los temibles ejércitos decidieron utilizarlo como campo de batalla, de tal forma que pudieran preservar sus propios hogares intactos. Ceres pereció y sus restos fueron esparcidos en todas direcciones del espacio, en una gran explosión que significó el final de la guerra. Toda la sabiduría, la paz y la felicidad fue segada en lo que pareció un parpadeo de ojos.

Arasse, una mujer-gigante sabia, había previsto el fin de su mundo. Así que se puso manos a la obra y finalmente, mediante un potente sortilegio, otorgó a los bosques de Ceres una vitalidad sobrenatural que les permitiera sobrevivir a su destino fatal. Aun de tal forma, las batallas fueron tan brutales que todos los bosques fueron quemados y la gran mayoría de sus árboles mutilados del suelo.

Arasse vivía en una pequeña parcela (al menos bajo el punto de vista de un Gigante) al oeste del único continente de Ceres, cerca de la desembocadura de su río más importante, el Hipno. Su casa era un árbol tan alto como una montaña, y tal era su vigor natural que al recibir el encantamiento de Arasse ningún ejército fue capaz de dañarlo o derribarlo. Finalmente, tras la destrucción de Ceres, el estallido lo hizo salir disparado hacia el espacio, llevándose consigo parte de la tierra a la que estaban sujetas sus raíces que, informadas de los hechos funestos por ocurrir, habían drenado parte del río al que tenían acceso, almacenándolo bajo la base del árbol. El nombre del árbol de Arasse era Aeter.

1.19.2006

Para ti.

- Un sol cálido y brillante, como tú.
- Un día luminoso y radiante, como tu persona.
- Aire puro y cristalino, como tu alma.
- Risas inocentes y puras, como la tuya.
- Sonrisas contagiosas de felicidad.
- Un enorme paquete lleno de salud:
para que nunca te falte.
- Una caja de buenos momentos:
para que llenen tu vida.
- Dulces aromas envueltos en papel:
para que disfrutes de ellos cuando quieras.
- Un baúl de sueños maravillosos:
para que nunca tengas pesadillas.
- Tanto amor que no se pueda envolver.

Un regalo lleno de las mejores cosas de la vida para que siempre estén presentes en la tuya, te lleven de la mano y hagan que tu camino sea tranquilo y armonioso.

El cielo pasa por un sin fín de tonalidades
para llegar brillante y claro a tu lado.

La noche te acunó en sus brazos
y la luna esperó hasta el último segundo,
hasta el primer clarear del día,
para ver como venías al mundo.

Despertaste a la llamada del sol
y capturaste un instante de su luz
que siempre te hará resplandecer.

Desde entonces, el mundo es un buen lugar para vivir.

Feliz cumpleaños Wifiwi :*

1.18.2006

Ojos

Bajo un brillo inquebrantable
dos esmeraldas yacen inclinadas,
sobre pálidas tierras, iluminadas,
como hoguera que se estira, brillante,
huyendo sin querer huir,
temblando en la noche devorante.

Canta sobre la luna, sin aire,
vuela herida arrastrando el rocío,
conocedora de un solo baile,
lejos y cerca de todo camino.

Ahogando su lamento, lejos, arriba,
extraña al incendio que ha provocado,
al cruzar ardiendo el corazón oprimido,
al que dirigiste tu mirada perdida.

12.16.2005

.

Un espacio crece lentamente:
se apodera del interior,
te desgarra las entrañas.
No deja nada trás de sí,
sólo el dolor de la ausencia.

12.04.2005

Despertarse y dar la vuelta sobre uno mismo para esconderse debajo de las sábanas es quizá uno de los mayores placeres que existen en esta vida. Saber que fuera hace frío, que el día aguarda, pero que puedes pasar de todo y seguir en brazos de Morfeo un poco más.

Los ojos se niegan a contemplar nada, montan un piquete de legañas para que no pueda filtrarse ningún rayo de luz por pequeño e insignificate que parezca y se esconden bajo el brazo en un intento de conservar su oscuridad unas pocas horas más.